viernes, 23 de octubre de 2015

Resolución sobre la política del partido en el campo de la literatura; Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 1925

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La cultura es un campo donde muchos autoproclamados marxistas hacen aguas. En ese sentido, el documento que presentamos es una liviana aproximación a ciertas cuestiones muy importantes a la hora de desarrollar la lucha de clases en el ámbito de la cultura, entre las que destaca la siguiente: ¿qué es el realismo socialista y cómo se aplica? La resolución –el documento– es previo al discurso de Andréi Zhdánov sobre el tema y, por ello, no contiene alusiones directas al término «realismo socialista», aunque sí que contiene claves fundamentales que nos hacen llegar a una comprensión de cuestiones derivadas de éste, como la lucha entre forma y contenido en el realismo socialista, la política sobre la libertad de expresión del pueblo trabajador y su creación artístico-literaria, el tema de las intelectualidades y la política a seguir para con éstas, etc.

En ésta introducción se resolverá otra cuestión fundamental: ¿qué es la cultura desde el análisis marxista? ¿Superestructura, infraestructura? ¿Cómo es la morfología de la cultura en sí; en qué partes se divide y a qué parte de la estructura corresponden?

A su vez, se presentarán ciertas tesis para comprender mejor qué es el realismo socialista, para poner en situación de comprender la totalidad del documento a aquéllos que investigan sobre el tema por vez primera.

Primero, la cultura. ¿Qué es la cultura?

La cultura es un conjunto de símbolos, prácticas y creencias basadas en unas determinadas condiciones materiales de vida de la sociedad, estando, por ende, basadas en los modos de producción y en sí, en la infraestructura.

Desde ésta definición podemos creer que la cultura es parte de la superestructura, pues, al igual que ésta, se asienta sobre la infraestructura y es determinada por ésta. Sin embargo, aspectos culturales como el lenguaje:

«En este sentido la lengua se diferencia esencialmente de la superestructura. Tomemos, por ejemplo, la sociedad rusa y la lengua rusa. En el curso de los 30 últimos años, en Rusia ha sido destruida la vieja base, la base capitalista, y construida una base nueva, una base socialista. En consonancia, ha sido destruida la superestructura de la base capitalista y creada una nueva superestructura, que corresponde a la base socialista. Por consiguiente, las viejas instituciones políticas, jurídicas y otras han sido reemplazadas por instituciones nuevas, socialistas. Sin embargo, la lengua rusa ha continuado siendo, por su esencia, la misma que era antes de la revolución de octubre de 1917. ¿Qué ha cambiado desde entonces en la lengua rusa? Ha cambiado en cierta medida el vocabulario de la lengua rusa, ha cambiado en el sentido de que se ha visto enriquecido con un considerable número de nuevas palabras y expresiones, nacidas con la nueva producción socialista, con el nuevo Estado, con la nueva cultura socialista, con las nuevas relaciones sociales, con la nueva moral y, finalmente, con el desarrollo de la técnica y de la ciencia; muchas palabras y expresiones han cambiado de sentido y adquirido una significación nueva; cierto número de palabras han caído en desuso, ha desaparecido del vocabulario. En lo que respecta al caudal de voces básico y a la estructura gramatical de la lengua rusa, que constituyen su fundamento, lejos de haber sido liquidados y sustituidos por un nuevo caudal básico y por una nueva estructura gramatical después de la destrucción de la base capitalista, se han conservado intactos y perviven sin ninguna modificación seria; se han conservado precisamente como fundamento de la lengua rusa contemporánea». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Acerca del marxismo y la lingüística, 1950)

Si la lengua es parte de la cultura pero no es parte de la superestructura, ¿qué ocurre con la cultura; es parte de la superestructura? Obviamente, no en su totalidad.

La cultura se divide en dos partes: el núcleo y el resto. El núcleo es todo aquello que varía dialécticamente, pues se halla fundamentalmente determinado por la infraestructura. Ahí podemos considerarlo como parte efectiva de la superestructura. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el resto, el cuál corresponde a la parte «fija» de la cultura, la que está determinada por factores geográficos fundamentalmente, como la alimentación y el lenguaje. Mas, ¿es la parte fija realmente fija? No, no lo es. ¿Por qué? Porque igualmente se halla siempre determinada, aunque no directamente, por las relaciones de producción, la técnica; la infraestructura, resumiendo. Un ejemplo sería la alimentación: aunque no cambia en su morfología en determinadas zonas geográficas, sí que puede cambiar tanto su calidad como su cantidad según lo desarrollada que esté tanto la técnica como las relaciones de producción en la historia. Iósif Stalin ya mencionaba éste tipo de cambio para el lenguaje en la cita anterior, mencionando que, con el cambio social, el lenguaje puede acuñar expresiones nuevas para las nuevas condiciones materiales; para prácticas que no podían verse antes, mas, no cambiará en su morfología. Esto es lo que diferencia al resto del núcleo en la cultura: el núcleo, como las relaciones familiares, de producción, de sexos, etc. cambia no sólo sobre una base acumulativa que no perfore ni niegue su forma ni su estado de cosas, como ocurre con los cambios en el resto cultural, sino que ven cambios totales en su estado de cosas, lo niegan y vuelven a negar; lo superan y lo vuelven a superar: sigue el proceso exacto de la lucha de clases, que nos da los indicios suficientes como para comprenderlo maniatado a la infraestructura.

Stalin nos completa éste razonamiento:

«La superestructura es engendrada por la base; pero eso no significa, en modo alguno, que la superestructura se circunscriba a reflejar la base, que sea pasiva, neutral, que se muestre indiferente a la suerte de su base, a la suerte de las clases, al carácter del régimen. Por el contrario, al nacer, la superestructura se convierte en una fuerza activa inmensa, coadyuva activamente a que su base tome cuerpo y se afiance y adopta todas las medidas para ayudar al nuevo régimen a rematar y destruir la vieja base y las viejas clases. Y no puede ser de otra manera. La superestructura es creada por la base precisamente para que la sirva, para que la ayude activamente a tomar cuerpo y a afianzarse, para que luche activamente por la destrucción de la base vieja, caduca, y de su antigua superestructura. Basta que la superestructura renuncie a este su papel auxiliar, basta que pase de la posición de defensa activa de su base a la posición de indiferencia hacia ella, a una posición idéntica ante las distintas clases, para que pierda su calidad y deje de ser superestructura». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Acerca del marxismo y la lingüística, 1950)

Ahora que se ha comprendido esto, podemos comprobar cómo la cultura envuelve a la sociedad que la crea: cómo se determina no unidireccionalmente –como la superestructura– sino multidireccionalmente; es decir, que puede o no ser parte de la superestructura; situarse en ésta o no: determinarse directamente y dialécticamente por la infraestructura o bien presenciar meros cambios en su forma superflua.

Con esto se da por introducido el tema de la cultura.

Ahora bien, ¿qué es y qué no es el realismo socialista? Lo contestaremos en siete puntos:

1) No es una doctrina de la forma; no persigue una forma concreta que se ha de seguir y, sobre todo, no es impuesto por voluntad de nadie. El realismo socialista surge como expresión artística del interés de la clase proletaria al establecerse como dominante en su propio Estado –aparato de represión de una clase por su clase antagónica–; como reflejo asimismo de las condiciones de la lucha de clases vivida desde dentro de la clase proletaria.

2) Es una doctrina de la expresión de ése interés de clase del proletariado para armarlo contra la burguesía y sus reminiscencias en el campo de la cultura, que es el único en ultimarse para preparar el paso al comunismo y donde, en consecuencia, hay que hacer un fuerte hincapié sin descuidar los campos más importantes como son el de la infraestructura y superestructura.

3) Por eso no surge de manera espontánea una vez triunfe el proletariado: ha de ser buscado, ya que en la dictadura del proletariado aún conviven dos clases antagónicas: la burguesía que está siendo aislada y golpeada rápida y eficazmente con la colectivización de la propiedad sobre los medios de producción y la implantación del sistema de sóviets, el saneamiento del partido, etc. y el proletariado, que es clase dominante en ese momento.

4) Así, como con la dictadura del proletariado, éste tomó las armas socioeconómicas para acabar con las clases sociales, en el campo cultural ha de empuñar las armas que siguen de raíz las reminiscencias burguesas sobre la cultura.

5) Como decíamos, el realismo socialista es una doctrina del contenido, ya que ha de plasmar siempre todo aquello que al proletariado como clase dominante, única capaz de serlo y construir el socialismo que engendre al comunismo, le sean familiares en su lucha para alcanzar lo que acabamos de estipular. Pueden entrar dentro de esto representaciones artístico-literarias de la revolución, de la realidad propia que vive el proletariado, de un suceso meramente contemporáneo, etc. pero todo enfocado desde la lógica del proletariado.

6) La dictadura del proletariado no excluye la permanencia de obras anteriores, emanadas de la sociedad burguesa; al contrario, las promocionará. ¿Qué hace que esto no sobrepase los límites de la lucha contra las reminiscencias culturales burguesas? Acompañarlas de explicaciones comunistas: hacer que sean analizadas desde el marxismo-leninismo, la ciencia proletaria, para así seguir consiguiendo el objetivo anteriormente expuesto sin dejar de acumular todo el patrimonio artístico general que la historia de las sociedades ha ido acumulando.

7) El caso no es mostrar las obras burguesas como presente; sino como pasado: hacer ver al proletariado que el realismo socialista es el retrato de su futuro en formas y apariencias –representaciones– variables subjetivamente según el autor, pero con una misma idea: la dictadura del proletariado avanza en la destrucción de las clases sociales; en aplastar la resistencia burguesa –que para eso es concebida– y preparar las bases socialistas del salto hacia el comunismo. Se ha de hacer ver a los obreros y demás trabajadores que las obras burguesas son representaciones de otra época histórica –la dictadura de la burguesía; el capitalismo–, y mostrarlas así como hoy se muestran las obras clásicas griegas, romanas, cavernícolas, egipcias, etc. mas, con el uso de la más avanzada ciencia jamás provista al progreso de la historia humana: el marxismo-leninismo, que ha de abrazar cada aspecto de la sociedad para no verla caer hacia la contrarrevolución y la vuelta a la selva de la explotación.


El documento:


Resolución sobre la política del partido en el campo de la literatura

Ya que la lucha de clases en general no está acabada, tampoco puede haber acabado en el terreno de lo literario. En una sociedad de clases no hay ni puede haber un arte neutral; la naturaleza de clase del arte en general y de la literatura en particular se expresa en formas que son infinitamente más variadas que en, por ejemplo, la política.

Debemos recordar, sin embargo, que éste problema es infinitamente más complejo que cualquier otro que han sido solucionados por el proletariado. Incluso en las limitaciones de una sociedad capitalista, la clase obrera podría prepararse a sí misma para una revolución victoriosa, construir la espina dorsal de luchadores y líderes y producir una magnífica arma ideológica para la lucha política. Pero esto no podría funcionar ni en los problemas de las ciencias naturales ni en las tareas del desarrollo técnico y, por la misma regla de tres, el proletariado, la clase que está privada de los medios de producción en el capitalismo, no puede desarrollar entonces su propia literatura, sus propias características en las formas artísticas; su propio estilo [ya que se halla privado de los medios de producción intelectual. Marx decía que la clase que se halle privada de los medios de producción, también lo estarán en el ámbito de la producción intelectual – Anotación de A. S.] [1]. Aunque el proletariado ya posee un criterio infalible al analizar materiales y fenómenos de contenido sociopolítico, aún no posee respuestas tan desarrolladas a todas aquéllas cuestiones de carácter artístico.

En relación a todos aquéllos artistas [«fellow-travellers» en el original – Anotación de A. S.] que simpatizan con el partido bolchevique y con el proletariado en general, debemos tener en mente lo siguiente: 1) su diferenciación; 2) la importancia de muchos de ellos como calificados especialistas en la técnica literaria; 3) la presencia de elementos vacilantes y de vacilación en general en éste grupo de escritores. Las directivas generales deberían de hacer progresar una relación llena de tacto, así como sumamente cuidadosa con éste grupo, y para sublimar éste objetivo debemos de realizar dicho acercamiento mientras se garantiza el aprendizaje y la inmersión de éste grupo de escritores en la ideología comunista. Mientras se nadifican los elementos antiproletarios y contrarrevolucionarios –ahora bastante insignificantes–, y mientras se lucha por desenmascarar la ideología de la nueva burguesía, que está tomando arraigamiento en éste grupo de «escritores amigos» –cambiando así éstos de punto de referencia–, el partido debe de tener una actitud paciente ante las formaciones ideológicas intermedias entre dicha ideología burguesa y la ideología proletaria, ayudando paulatinamente a esos individuos a formarse y desarrollarse en el proceso de una cada vez más cercana cooperación camaraderil con las fuerzas culturales comunistas.

El criticismo comunista debería de luchar sin piedad contra el fenómeno contrarrevolucionario en la literatura, y al mismo tiempo mostrar el mejor gusto posible, la mejor atención y la máxima paciencia hacia todos esos grupos que pueden y de hecho se acabarán uniendo al proletariado. El criticismo comunista ha de expulsar de su lenguaje el tono del mandamiento literario. Tal criticismo ha de poseer una significación educacional sólo cuando ésta descansa en su superioridad ideológica. El criticismo marxista debe de una vez por todas quitarse de en medio toda la arrogancia pretenciosa, pseudoliteraria, y de «comunista para sí» [término que indica que sólo tú mismo eres capaz de entenderte; que puedes conocer la ciencia marxista-leninista pero que no sabes transmitirla – Anotación de A. S.]. El criticismo marxista debería de tener como eslogan el aprender, y debería de resistir y combatir toda aparición de juicios baratos y de arrogancia ignorante surgidas en su propio entorno.

Si bien posee un criterio infalible para este juicio, de observar y analizar el contenido de clase de la literatura, el partido no ha de amarrarse a tendencia alguna dentro del campo de la forma literaria. Liderando la literatura en general, el partido no puede apoyar a ninguna facción específica en la literatura –si entendemos facción en el sentido de las diferentes visiones sobre el estilo– así como tampoco puede resolver la cuestión de la morfología de la familia mediante simples decretos sino al desarrollar nuevas formas de vida material. Todo indica que una nueva forma literaria será creada, pero lo será mediante ciertos métodos sobre los que aún no tenemos conocimiento alguno. En la fase actual de desarrollo cultural, cualquier intentona de amarrar al partido a éstas cuestiones de la forma ha de ser repudiada. [2].

Así, el partido debe declararse en favor de la coexistencia de varios grupos y tendencias en ésta provincia. En el mismo sentido, sería inadmisible el legalizar por decreto el monopolio de la imprenta a cualquier grupo u organización literaria individual. Mientras que moral y materialmente se apoya a la literatura proletaria y al asistir a los artistas que simpaticen con el comunismo, el partido no puede ofrecer un monopolio a ninguno de éstos grupos individuales. Esto sería destruir la literatura proletaria [3].

Anotaciones:

[1] «La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material. Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante». (Karl Marx y Friedrich Engels; Manifiesto del Partido Comunista, 1848)

[2] La forma literaria proletaria, su desarrollo, es una cuestión importante de contrastar con mi introducción. Cierto es que lo que prima es el contenido, pero al igual que ocurrió en la Unión Soviética, una forma tan recargada que disimula, esconde y dificulta la comprensión del contenido o lo abstrae de la visión del pueblo –aunque bien es cierto que con la mejora paulatina e inevitable de su formación cultural por las condiciones materiales del socialismo, el listón de la facilidad con que ocurra lo descrito va subiendo, convirtiendo ciertas capacidades antes consideradas inaccesibles a la media como un simple saber general–, como ocurría con las vanguardias de los años 20, van desapareciendo. En la música esto no ha de pasar más que con la lírica de las letras; observándose si trabajan demasiados simbolismos y carecen de mensaje sin ocultar –caso por el cual les ocurriría como a las vanguardias soviéticas de los años 20– o si bien ocurre al contrario, o usando símbolos pero también mensajes directos. El estilo musical, los instrumentos que intervengan, no corresponden unos sí, al realismo socialista, y otros, no: los instrumentos, la forma, ahí no importa. No como en el arte, donde resultan lo primero y casi único que salta a la vista.

[3] No hay que entender esto como la teoría liberal del maoísmo de «que compitan cien escuelas». Hay que tener en cuenta que el revisionismo chino deja en igual condición de existencia a la literatura «proletaria» y a la burguesa, ya que considera tanto a la clase obrera como a la burguesía nacional clases del «pueblo» –primer error, pues no se puede considerar a la burguesía nacional como una contradicción no antagónica, o como «antagónica que se puede transformar pacíficamente en no antagónica»–, y considera que tienen el mismo derecho la clase obrera como la clase burguesa a competir y lograr expresar su estilo en la sociedad –segundo error que iguala la ideología de otras clases en esta caso una clase explotadora, a la del proletariado, como si la ideología de la pequeña burguesía o la burguesía nacional tuvieran que competir con la del proletariado–.

En la Unión Soviética de esos años veinte, se veía ya el proceso de colectivización del campo justo en frente y por ende las ciudades deberían de haber avanzado ligeramente en la colectivización. Sabiendo que la Nueva Política Económica –conocida como NEP– se vio obligada a dar prioridad a la industria ligera y al campo para poder facilitar la posterior primacía de la industria pesada, dadas las condiciones de la Unión Soviética de entonces, podemos deducir que las imprentas ya estarían en manos de los sóviets y que, así, no habría lugar para la concurrencia de artículos directamente burgueses; a lo sumo, revisionistas emanados desde dentro de las organizaciones proletarias. Así, «libre concurrencia» de publicaciones no se refiere a publicaciones pro-proletarias y pro-burguesas, sino sólo del primer tipo. Ésta conclusión se ve venir cuando se afirma que se apoyaría materialmente a la literatura proletaria. Atrás se refiere múltiples veces al papel del partido de prohibir desde los sóviets la literatura emanada del interés de clase de los kulak y demás reductos burgueses que vinculaban su existencia con el campesinado individual, que aún resistía pues no se había iniciado sino sólo planteado el movimiento de koljoses –colectividades– y sovjoses –granjas estatales–.

Decir que el monopolio de un sólo grupo de escritores correspondería a asesinar a la literatura proletaria es correcto porque arrebataría a todos los sóviets su capacidad propia de publicar, así como a los miembros de la clase trabajadora, en pos de una oligarquización de la cultura.

Notas

[1] Lectura Online AQUÍ ó Descarga en PDF AQUÍ.

[2] Todos los documentos en PDF editados por el equipo del Blog en el apartado BIBLIOTECA.

jueves, 22 de octubre de 2015

La organización del poder gubernamental bajo el FSLN; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Dirección Nacional del FSLN

«Recapitulando un poco sobre la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en el periodo de gobierno debemos expresar algunas líneas.

La organización de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional –realiza funciones de gobierno desde 1979 hasta 1985– y el Consejo de Estado que en conjunto sentarían las bases de construcción del actual sistema democrático burgués partidocrático, y ponen en marcha la «economía mixta» ambas expresiones del pensamiento burgués en todas sus formas. Estas organizaciones fueron conformadas por sujetos provenientes de todos los sectores antisomocistas internos y externos al FSLN, todos ellos de extracción burguesa y pequeño burguesa con posiciones reformistas, anarquistas, revisionistas, liberales, conservadoras, y hasta bastante retardatarias dado el caso.

En el Consejo de Estado, este estaba conformado por 33 miembros, de organizaciones políticas, socio-económicas, religiosas y sindicales, los puestos fueron repartidos de la siguiente manera:

6 puestos para el Frente Sandinista de Liberación Nacional;

12 para el Frente Patriótico Nacional –en este confluyen el Movimiento Pueblo Unido, el Partido Liberal Independiente, Agrupación de Los Doce, Partido Popular Social Cristiano, Central de Trabajadores de Nicaragua (C.T.N.), Frente Obrero, Sindicato de Radio periodistas–;

7 para el Frente Amplio Opositor –integrado por el Partido Conservador Democrático, Partido Social Cristiano Nicaragüense, Movimiento Democrático Nicaragüense, Movimiento Liberal Constitucionalista, Partido Socialista Nicaragüense, Confederación General del Trabajo Independiente, Confederación de Unificación Sindical (C.U.S.)–;

6 miembros para el Consejo Superior de la Empresa Privada –a los cuales pertenecen el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE), la Cámara de Industrias de Nicaragua (CADIN), la Confederación de Cámaras de Comercio de Nicaragua, la Cámara Nicaragüense de la Construcción, la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua, la Confederación de Asociaciones Profesionales de Nicaragua (CONAPRO)–;

1 miembro para la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua;

1 miembro también para la Asociación Nacional del Clero.

No es de menospreciar el hecho de que en la formación de gobierno no se considerara integrar al ya mencionado MAP-ML que había sido una fuerza político-militar activa contra el somocismo y que operó de aliado militar del FSLN. Si se observa con detenimiento se verá que apenas había ningún miembro marxista-leninista –autodenominarse marxista-leninista no te hace marxista-leninista– en esos órganos de gobierno, salvo los puestos dados al Frente Obrero, rama sindical del MAP-ML. Aunque a la hora de la verdad este reparto de puestos en el Consejo de Estado daba bastante igual, pues era la llamada Dirección Nacional del FSLN, formada por 9 comandantes, 3 de cada tendencia del FSLN –recordemos: Proletarios, GPP y Terceristas–, la que tenía el poder real en el gobierno. Esto no es algo que nos inventemos nosotros, es algo que la propia dirigencia reconoció años después:

«Al fragor de la lucha popular antisomocista y antiimperialista de los años 60, se fue organizando el Frente Sandinista como un destacamento revolucionario integrado por unas decenas de combatientes y una Dirección Nacional que asumía un mando político-militar». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Y en base a esta circunstancia ocurrida durante la etapa de liberación nacional, esta Dirección Nacional sería la que tendría de facto el poder del Estado desde 1979 hasta la conformación del nuevo gobierno salido de las elecciones de 1984; no obstante, la misma continúo manteniendo una enorme influencia sobre el aparato estatal.» (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

miércoles, 21 de octubre de 2015

Una vez más la cantinela del «socialismo específico»; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


Fidel Castro y Daniel Ortega en los 80, dos exponentes revisionistas del «socialismo específico»

«Tras el triunfo de 1979 se evidencia todavía más que el FSLN no es una fuerza de vanguardia proletaria, sino una fuerza ya en manos de la burguesía nacionalista, que empezó a hegemonizar el triunfo de la revolución en su propio beneficio blindando tanto la democracia burguesa partidocrática, como la propiedad privada de los medios de producción, y desarrollando una política exterior pseudorevolucionaria y pseudo antiimperialista. Para justificar esto la dirigencia apeló al machacado argumento revisionista de que aquel era un «socialismo» no dogmático, nacional, nuevo, un «socialismo específico» –y hasta «inteligente»–; y por supuesto se basada en sobreponer y exagerar la particularidad nacional a las leyes generales de construcción del socialismo. ¡La dirigencia oportunista del FSLN clamaba que la economía mixta, el pluralismo político y el no alineamiento era algo acorde no porque ellos quisieron sino porque les era impuesto más bien por las condiciones históricas, económicas, y sociales de Nicaragua!:

«La propuesta de un proceso hacia el socialismo que tendría como punto de partida el pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento, fue el nuevo elemento que surgió en esa etapa de lucha y que acercaba a los revolucionarios a la raíz de nuestra historia y por lo tanto a la realidad política, económica y social en el contexto latinoamericano». (Daniel Ortega; Informe Central de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, 19 de julio de 1991)

Recuperemos una explicación a propósito de esta falsedad y especulación sobre la particularidad nacional y sus intentos por engañar a los pueblos:

«Las particularidades de cada país no entrañan un camino diferente en lo que se refiere a llevar a cabo los principios básicos del marxismo-leninismo para ir al socialismo; la instauración de la dictadura del proletariado, la expropiación de los medios de producción a las clases explotadoras, la industrialización socialista, el inicio de colectivización de la agricultura seguido de un paso progresivo a las granjas estatales, el derrumbamiento de la mentalidad y costumbres anteriores por una mentalidad y cultura socialista, la centralización y elaboración de un plan único nacional, dar una incidencia real a las masas en los asuntos del trabajo, Estado, y partido, la aplicación absoluta de la lucha de clases en el periodo que media hasta el comunismo, etc. Todo ello es reconocido y expresado en las obras clave de los principales marxista-leninistas cuando tuvieron que luchar contra las aspiraciones de nuevos y nuevos renegados que surgían en diferentes épocas. (…) Llegados a este punto, es válido afirmar que la particularidad nacional, referida por el materialismo dialéctico e histórico, en el momento histórico concreto se refiere al nivel de desarrollo en que se encuentran las fuerzas productivas en un país concreto; o lo que es lo mismo, no tiene las mismas tareas de construcción un país con una economía precapitalista semifeudal en la que se ha de dirigir un proceso de industrialización para crear las bases del socialismo, que un país industrializado que ya cuenta con esa base industrial como es obvio. Pero como se ha expresado con anterioridad, para que la revolución no sea traicionada nunca deben de pausarse los ritmos, toda vez que estos no deben de ser utilizados como excusa para perpetuar el sistema capitalista precedente». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Esto significa que siempre existirán factores objetivos y subjetivos específicos que afronte cada nación a la hora de llevarse a cabo la revolución. En cuanto a factores objetivos positivos, podríamos hablar hipotéticamente de una situación internacional que permita una asistencia exterior por un país socialista; en cuanto a situación negativa hipotética, el leve desarrollo industrial en el país; y en cuanto a factores subjetivos positivos hipotéticos, podríamos hablar de una gran popularización de la línea y programa del partido comunista y una notable influencia comunista en las clases trabajadoras del país derivada del trabajo diario, y en cuanto a una situación negativa subjetiva e hipotética, podríamos hablar de un retraso en el trabajo comunista de refutación de costumbres y concepciones reformistas entre los obreros que evita la unidad obrera entre estos y los obreros más avanzados ideológicamente.

Siempre existirán pros y contras en el viaje de un país a la construcción socialista. Esto sería comprendido por los marxista-leninistas de los países de democracia popular de Europa del Este, como el checoslovaco Josef Horn, que veían en la asistencia de la Unión Soviética y el resto de países socialistas una ventaja a la de experiencias predecesoras, pero no por ello una excusa para relajar sus deberes:

«Aunque somos conscientes de las diferentes condiciones en las que la democracia popular está construyendo el socialismo, es decir, cuando nos damos cuenta del equilibrio cambiante de fuerzas en el mundo a favor del socialismo, por el hecho de que la Unión Soviética y el resto de democracias populares pueden proporcionarnos asistencia económica, diplomática y de otro tipo, aún así hay un principio inmutable: la identidad de nuestro viaje al camino de la Unión Soviética consiste en pasar por la industrialización socialista, la colectivización socialista, la agudización de la lucha de clases, la liquidación de las clases explotadoras, la alianza de la clase obrera con el campesinado trabajador, mientras que el papel principal de la alianza lo cumple la función de la clase obrera y la gestión de su partido comunista». (Josef Horn; Discurso en la Asamblea Nacional de la República de Checoslovaquia, 17 de mayo de 1950)

jueves, 15 de octubre de 2015

Es menester distinguir y defender el socialismo y el marxismo-leninismo de su barata imitación

Fotografía cedida por un lector con documentos editados por Bitácora (M-L)
«Los marxista-leninistas saludan y respaldan cualquier inclinación y aspiración sinceras al socialismo, pero al mismo tiempo insisten en que el socialismo dondequiera que haya triunfado o que triunfe lo ha hecho y lo hará únicamente sobre la base del marxismo-leninismo y bajo la dirección de la clase obrera y de su partido, armado de la concepción proletaria del mundo.

En nuestra época no se trata de copiar los pseudosocialismos revisionistas ni de inventar socialismos nuevos. El socialismo existe y se desarrolla como teoría y como práctica. Ha acumulado una rica experiencia histórica, sintetizada en la teoría marxista-leninista, cuya vitalidad ha sido verificada por la vida. Apoyándose en esta teoría científica y aplicándola a las condiciones concretas de cada país, las fuerzas revolucionarias encontrarán el justo camino que las conducirá al socialismo.

La justa comprensión del socialismo es una gran cuestión de principios, ya que ayuda a que las aspiraciones y la lucha de los pueblos por el socialismo se orienten correctamente y apunten a un objetivo claro. Por eso tiene particular importancia para los revolucionarios el establecer una frontera y una clara línea de demarcación entre los países verdaderamente socialistas y los que lo son sólo de nombre, del mismo modo que tiene importancia distinguir a los partidos y las fuerzas verdaderamente marxista-leninistas que luchan por el socialismo, de los partidos que solamente llevan la etiqueta de comunistas. Así sabrán los revolucionarios dónde deben apoyarse y a quién respaldar. De esta manera se fortalece la verdadera unidad de las fuerzas revolucionarias y la lucha por el socialismo se funde en una corriente única sobre la base del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario». (Enver Hoxha; El marxismo-leninismo, doctrina siempre joven y científica, 1 de noviembre de 1971)

sábado, 10 de octubre de 2015

¿Qué nos muestran las purgas en los años 40 y 50 en la mayoría de partidos marxista-leninistas en el poder?

Proceso de Praga de 1952, en el centro de la imagen  Rudolf Slánský

«¿Que demuestran estas purgas de los años 40 y 50 en los partidos comunistas en el poder, como fueron los casos de Albania, Checoslovaquia, Polonia o Hungría? Que desde luego no eran ni «procesos preparados con fines políticos propagandísticos», ni «para desviar la atención de otros asuntos mayores», ni a causa de las «paranoias de las dirigencias indígenas o exteriores», ya que los procesados que se libraron de la pena de muerte serían a la postre los principales cuadros utilizados por la contrarrevolución desatada por el revisionismo soviético, siendo los sustitutos de los marxista-leninistas en los puestos de poder y en los cargos del partido en los países donde logró  afianzarse el jruschovismo –en todos los países de democracia popular menos Albania–. Y también se corroboró cuando los condenados y ejecutados por sus graves crímenes fueron rehabilitados y condecorados póstumamente por los viejos o nuevos contrarrevolucionarios.

¿Cómo se explica todos estos sucesos de actividad enemiga en el interior de los partidos comunistas? Para empezar, porque como hemos visto con una de las citas anteriores de Stalin, este es el lenguaje y metodología que entienden los burgueses en las relaciones con otros Estados, tanto con Estados capitalistas como socialistas, por lo que buscan crear núcleos favorables a su política en los partidos comunistas gobernantes, e intentando restaurar el viejo orden político, el orden capitalista que ellos salvaguardan en sus países. Quién no entienda esto no comprende el desarrollo dialéctico de las revoluciones socialistas frente al cerco imperialista:

«Permanecer incrédulo ante la presencia de espías, traidores y agentes en el movimiento comunista viene a ser como lavar la ropa sucia de la burguesía y sus crímenes, creer que la burguesía lleva un justo intercambio de ideas contra el socialismo, al nivel de los juegos electorales de salón que la televisión nos ofrece de vez en cuando. Alojarse en esta incredulidad testifica en última instancia, un completo desconocimiento de lo que es el socialismo y el trastorno que introduce en el mundo plurimilenario de opresión y explotación». (L'Emancipation; Manos fuera de Albania, 1982)

Este es un fenómeno que sucede incluso cuando los partidos comunistas no están en el poder, pero se intensifica aún más en el contexto de la construcción económica del socialismo en las democracias populares y la consecuente eliminación política paulatina de los partidos burgueses y pequeño  burgueses. Esto lo explica muy bien el checoslovaco Alexej Čepička en un texto de 1953 haciendo referencia al caso concreto de la Checoslovaquia de los años 40 y 50:

«Después de la liberación de los países del sudeste de Europa central por el heroico Ejército Soviético, las clases explotadoras, confiando en sus partidos políticos, trataron de impedir el establecimiento del nuevo sistema socialista en estos países. Ellos calcularon frustrar los cambios democráticos y preservar el capitalismo a través de estos partidos. Los representantes de los partidos burgueses buscaban, por medio de discursos demagógicos en el parlamento, sembrar la desconfianza en la fuerza de la clase obrera, la desconfianza en los partidos comunistas y la Unión Soviética. La burguesía se concentró en los partidos no comunistas, en los parásitos del capitalismo y el fascismo, los traidores del pueblo que se salvaron de un castigo justo, y el clero reaccionario. Para la organización de la resistencia al nuevo sistema, la burguesía se basó en todos los países de democracia popular en los derechistas socialdemócratas, sirvientes del capitalismo y traidores a los intereses de la clase trabajadora. (...) Los resultados de los intentos de la burguesía de organizar putschs antipopulares y tomar el poder son bien conocidos por todos. En todos los países de democracia popular la burguesía, en sus análisis finales cosechó una derrota: los partidos no comunistas fueron purgados de traidores y la clase obrera, bajo el liderazgo de sus partidos comunistas y obreros, contando con la ayuda desinteresada de la Unión Soviética, tomó el camino de la construcción socialista. Como resultado de esa lucha fortaleció y desarrollo el Estado democrático-popular como una forma de la dictadura del proletariado y una arma para la lucha contra las insidiosas maquinaciones del enemigo extranjero imperialista». (Alexej Čepička; Sobre la lucha de clases en los países de democracia popular, 1953)

¿Cuál sería la nueva táctica a tomar por las clases explotadoras derrotadas del interior, y de las clases explotadoras internacionales?:

«Después de esta derrota, la burguesía actuaría bajo las órdenes de los imperialistas estadounidenses, lanzando sus reservas al frente de la lucha de clases. Los imperialistas comenzaron a formar estas reservar mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, en el curso de la guerra y en el periodo de la posguerra. Mucho antes de la guerra los jefes del campo imperialista discernían el peligro que constituía para el orden capitalista el continuo fortalecimiento de los partidos comunistas que se volvían más fuerte cada año. Es precisamente esto lo que explica por qué la reacción imperialista, utilizaría todos los medios, enviando sus agentes, espías y traidores a los partidos comunistas con la asignación de destruirlo desde dentro, de minar su fuerza. De esta manera los imperialistas tuvieron éxito en crear dentro de los partidos comunistas agencias que promovían la restauración del capitalismo en los países de democracia popular. Pero solo una de estas quinta-columnas al servicio de los imperialistas estadounidenses y británicos; la pandilla de espías y asesinos de Tito, tuvo éxito en la realización de este oscuro acto y traición a los intereses del pueblo. La exposición de la pandilla de Tito que hunde cada vez más a los pueblos de Yugoslavia en la esclavitud capitalista fue un golpe demoledor a las maquinaciones de los enemigos de los países de democracia popular. La vigilancia de los partidos comunistas y obreros ayudó a frustrar a tiempo diseños criminales similares de las bandas de espionaje y conspiración de László Rajk en Hungría, Traycho Kostov en Bulgaria, Koçi Xoxe en Albania, Rudolf Slánský en Checoslovaquia y Gomułka-Spychalski en Polonia». (Alexej Čepička; Sobre la lucha de clases en los países de democracia popular, 1953)

¿Que demostraba pues el Proceso de Praga de 1952 para la democracia popular checoslovaca, y para la lucha de clases internacional de entonces?:

«La exposición de la quinta columna que Rudolf Slánský organizó por orden de los imperialistas estadounidenses muestra las más sorprendente técnicas peligrosas de lucha que las estaciones de los enemigos de clase usan con el fin de frustrar la construcción socialista. El sendero de largo alcance del centro de conspiración contra el Estado, encabezado por Slánský, reveló que la actividad subversiva y la demolición de los conspiradores era un eslabón vital en los planes de guerra del imperialismo estadounidense en la preparación de un asalto en contra de la Unión Soviética y los países de democracia popular. En este ensayo también se expuso el papel del sionismo internacional como una agencia del imperialismo estadounidense, una agencia utilizada por el enemigo con el fin de infiltrarse en los partidos comunistas». (Alexej Čepička; Sobre la lucha de clases en los países de democracia popular, 1953) (Equipo de Bitácora (M-L); Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50, 4 de octubre de 2015)

viernes, 9 de octubre de 2015

Sobre el deber de imprimir el carácter de clase también en los gustos ideoestéticos


«El desarrollo espiritual general y la figura moral de nuestro hombre nuevo son inconcebibles sin la formación de sanos gustos ideoestéticos sobre lo bello en el arte, en la naturaleza, en el trabajo y en la vida. La cuestión de los gustos no es un asunto puramente personal sobre el que supuestamente no se podría ni siquiera discutir. A pesar de la presencia del elemento individual en los gustos, éstos tienen siempre carácter social, se forman bajo la influencia directa de las relaciones económicas y sociales, de la ideología y de la cultura, de la psicología social. De ello se deduce su evidente carácter de clase. Por esta razón, nuestros gustos, en su esencia, están absolutamente en oposición con los gustos de la sociedad burguesa y revisionista. Nuestros gustos comunistas están penetrados del ideal revolucionario, de la sencillez proletaria, de sentimientos nobles y elevados, de sanas virtudes morales.

Al luchar contra la penetración de la vulgaridad y la bajeza de los gustos burgueses y revisionistas, no dejamos de combatir simultáneamente los gustos anticuados y anacrónicos legados por las ocupaciones extranjeras y la vieja sociedad feudal-burguesa, y entrelazados con el viejo modo de vida y con las costumbres y las tradiciones patriarcales y retrógradas. Nosotros apoyamos toda evolución natural de los gustos que se adapte a las condiciones del rápido desarrollo socialista de nuestro país y a las nuevas exigencias que plantea este desarrollo, en el espíritu de nuestra ideología marxista-leninista y de nuestras sanas tradiciones nacionales. Estamos contra las actitudes conservadoras de algunos que no comprenden este proceso y ven en él un fenómeno negativo y una influencia extraña.

La formación de los gustos sanos con claro contenido socialista exige además un desarrollo cultural general del hombre nuevo, sobre todo un trabajo sistemático para su educación ideoestética. Uno de los medios para alcanzar este objetivo es la lucha permanente contra la superficialidad y la estrechez de horizontes culturales, por un profundo conocimiento de los destacados valores de la cultura nacional y mundial». (Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

domingo, 4 de octubre de 2015

La no comprensión del cambio cualitativo tras el fin del somocismo, el punto del orden del día y la reorganización de las alianzas para avanzar al socialismo


«En este punto cabe responder a la pregunta formulada por otros actores y que no ha sido respondida satisfactoriamente, dejando de hecho la respuestas casi enteramente en órbita del azar, la casualidad, e incluso a la suerte: ¿cómo es que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) alcanza el triunfo sobre una fuerza técnica y materialmente superior, cuando ni siquiera se trataba de la guerrilla mejor organizada de la región? Sencillamente el FSLN hizo una lectura correcta del momento histórico, supo dar lectura a las convergencias de las condiciones objetivas y subjetivas y atraer a las masas a un proceso que debido a la necesidad de emancipación se tornó en irreversible a pesar de los costos humanos y materiales. Desde el punto de vista de la táctica; el triunfo se dio gracias a que la lucha se libro en todos los frentes: militar, propagandístico, social, internacional, económico, diplomático, etc.; y la insurrección empujaría las fichas del dominó que llevaron a la fractura total de la Guardia Nacional Somocista aún cuando estaba plenamente operativa, considerando que nunca se enfrentó a una guerra de desgaste que diezmara sus filas.

Inmediatamente tras el triunfo, el FSLN por el carácter de frente multiclasista y disperso ya referido, no llega a comprender que la lucha de clases ha dado un salto cualitativo, y que ya la lucha no se ubica entre somocistas proimperialistas contra antisomocistas «antiimperialistas». Es decir, la fisonomía de las fuerzas progresistas del país cambian con el triunfo, y la burguesía nacionalista deja de jugar todo rol revolucionario, en tanto ya no se le puede considerar aliada estratégica en esta nueva etapa en donde el enfrentamiento habría de desarrollarse entre explotados –obrero y campesinos– y explotadores –burguesía en general–, entre iniciar la construcción de un régimen de democracia popular socialista hegemonizado por el proletariado o hacia un régimen de democracia liberal capitalista hegemonizado por la burguesía.

Esto no quiere decir que lo ocurrido respondiera a un mero error de apreciación del momento histórico como ya hemos venido demostrando, sino y dadas las características burguesas y pequeño burguesas de la dirigencia, y a la ideología revisionista dominante en ella, la democracia burguesa era el único desenlace posible debido a que sus intereses de clases eran completamente diferentes a los intereses de la clase obrera y el resto de las clases trabajadoras; pues como ya expresamos el FSLN no podía reflejar los intereses de clases de obreros y campesinos trabajadores pues era una organización en la que cohabitaban explotadores con explotados y variadas ideologías. Sin lugar a dudas, esta desviación responde a la influencia del revisionismo chino muy presente en la estructura partidaria, en las tendencias, y en los miembros de éstas.

Jim Washington resume de esta manera la cuestión de la burguesía nacional y las relaciones que los comunistas deben mantener frente a ella:

«La razón por la que la Komintern consideró que era posible establecer acuerdos con los sectores de la burguesía en los países coloniales y semicoloniales era porque ciertos sectores de ella –la llamada comúnmente burguesía nacional–, en general, apoyaban al movimiento nacional. Por otro lado la misma razón de que estas alianzas fueran temporales y condicionadas era por la tendencia al compromiso y al reformismo de este mismo sector. Ellos no apoyarán la continuación de la revolución democrático-nacional hasta el final, esto significa que para lograr una ruptura total con el imperialismo sólo se puede tomando la senda del socialismo. Mientras el proletariado no establezca la dictadura del proletariado y se embarque en el socialismo, la burguesía «nacional» buscará por todos los medios establecer la dictadura burguesa, y buscará también consolidar las relaciones capitalistas e incluso manteniendo la dependencia del imperialismo para ello. Mientras los sectores de la burguesía nacional juegan un rol positivo durante la etapa democrático-nacional, ésta se rebelará contra la revolución, y el proletariado en alianza con el campesinado deberá continuar por el camino que la burguesía no quiso seguir. Las relaciones que fueron calificadas en un momento como alianzas, en ese momento serán transformadas en relaciones antagónicas desarrollándose una seria lucha a vida o muerte. El proletariado solo establece acuerdos temporales con la burguesía cuando esta puede ayudarle a lograr sus objetivos como en este caso con el movimiento nacional de liberación. Si el proletariado ve que es capaz perfectamente de derrotar al imperialismo y al feudalismo sin la necesidad de aliarse con la burguesía nacional, seguramente lo hará de ese modo, ya que de todos modos el objetivo final frente a la burguesía nacional siempre será el de aniquilarla como clase. Pero por otro lado, si el proletariado falla en establecer los compromisos y alianzas necesarios con la burguesía, puede quedarse aislado de sus aliados a largo plazo quedando rodeado por las clases explotadas, la revolución democrático-nacional podrá entonces ser rota, y los esfuerzos del proletariado para establecer su dominio pueden ser rotos por la reacción local y extranjera». (Jim Washington; El socialismo no se puede construir en alianza con la burguesía, 1980)

Vincent Gouysse nos daría en una de sus obras una brillante reflexión sobre los dos axiomas generales que hay que aplicar para que en todas las revoluciones desarrolladas en países dependientes sean tránsito al socialismo:

«La transformación de revolución anticolonial en verdadera revolución antiimperialista y revolución socialista, por tanto, requiere de varios factores: 1) en primer lugar la existencia de un partido comunista marxista-leninista capaz de movilizar a los trabajadores de la ciudad y el campo contra el poder imperialista comprador sin transferir la dirección de la lucha a la burguesía nacional interesada en el derrocamiento de los capitalistas y terratenientes compradores; 2) después, que el partido llegue a demostrar que las aspiraciones democráticas de las capas populares y de los trabajadores sólo pueden alcanzarse la política de liberación del yugo del imperialismo extranjero está ligada a la liberación del yugo social, ejercido no sólo por el capital extranjero, sino también por el desarrollo del capitalismo, incluso circunscrito dentro del mercado interior. De hecho Marx destacó que la explotación del trabajo asalariado condujo necesariamente a nivel nacional –a causa de la brecha entre la producción y el consumo en el mercado interno– a forzar grandes vínculos comerciales con otros países burgueses, y sobre la base de la teoría del valor-trabajo y la existencia de diferentes grados en la productividad del trabajo social, estas relaciones hasta estrictamente comerciales tornan en una relación de dependencia y sujeción económica de los países burgueses más débiles en provecho de los más poderosos, capaces de echar sobre el mercado cantidades importantes de mercancías a un precio de coste menor. Por lo tanto, si la revolución «antiimperialista» se detiene a mitad de camino y permanece entre las manos de los capitalistas «nacionales», la liberación política y económica conquista gracias a la revolución anticolonial necesariamente se convertirá en algo meramente formal y dará nacimiento a una nueva dependencia, primero económica, que crea así misma una dependencia política, incluso cuando la independencia política formal es reconocida». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialista, 2007)

A la luz de nuestros días, vemos que el FSLN en Nicaragua no cumplió con ninguno de estos requisitos:

a) El FSLN no se organizó como partido, y mucho menos como partido comunista, sino como una organización político-militar estructurada como un frente antisomocista liderado por la pequeña burguesía que paulatinamente dejo paso en el mando a la burguesía nacional, y;

b) lejos de suprimirse la propiedad privada de las clases explotadoras nacionales, se alentó la propiedad privada de la burguesía urbana y rural, sobre todo de la llamada antisomocista, la burguesía nacional pudo acumular riquezas y consolidarse como clase dirigente tras la revolución de 1979.

Esta delegación del liderazgo del FSLN en las clases explotadoras nacionales supuso además, en el contexto de Nicaragua, que el país continuara y aumentara la dependencia de los diferentes imperialismos en todos los campos». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)